Los mercados han cambiado: ¿Importan todavía los fundamentales?

En un entorno dominado por los flujos y el corto plazo, conviene preguntarse si los fundamentales siguen marcando el rumbo de los mercados

Existen múltiples factores que están provocando cambios estructurales en el ecosistema de inversión. El crecimiento de la gestión pasiva, la concentración histórica de los índices, el auge de las estrategias sistemáticas y la adopción de la inteligencia artificial han configurado un mercado aparentemente mucho más dependiente de los flujos que del análisis fundamental. Las tendencias se refuerzan a sí mismas, la volatilidad se amplifica y las cotizaciones pueden desviarse durante largos periodos de los fundamentales de las compañías.

Uno de los mayores cambios en los últimos años ha sido el crecimiento de la gestión pasiva. Miles de millones de euros se mueven de forma automática hacia índices sin distinguir entre las empresas que los componen. 

A este fenómeno se suma una concentración sin precedentes en muchos índices bursátiles. Esta concentración, junto con el peso de la gestión pasiva, genera un círculo de retroalimentación, ya que una parte desproporcionada del dinero acaba invertida en las mayores compañías, por lo que su peso en los índices continúa aumentando. 

Como consecuencia, los movimientos de los flujos pasan a tener una influencia creciente sobre la cotización a corto plazo, generando oportunidades y distorsiones que en otros momentos del mercado eran menos frecuentes. 

La tercera gran transformación es el crecimiento de estrategias con horizontes temporales muy reducidos. Fondos cuantitativos, estrategias sistemáticas, trading algorítmico, fondos apalancados y otras herramientas financieras representan una parte cada vez más relevante de la actividad diaria de los mercados. Estas estrategias no necesariamente evalúan el valor intrínseco de las compañías, sino que reaccionan a variables como momentum, volatilidad, liquidez o tendencias de precios.

Por último, la adopción de la inteligencia artificial por parte de los operadores de mercado está introduciendo una nueva dinámica modificando la forma en que los inversores procesan la información y toman decisiones. Las herramientas basadas en IA permiten analizar de forma casi instantánea resultados empresariales, noticias, conferencias con analistas o revisiones de estimaciones. Cada vez más participantes reaccionan al mismo tiempo y a partir de señales similares. Como consecuencia, la velocidad con la que el mercado incorpora la información se ha acelerado significativamente.

En un entorno donde una parte creciente del capital se mueve a través de ETFs, estrategias cuantitativas o cestas temáticas, la IA contribuye a aumentar las correlaciones dentro de un mismo sector. Cuando una noticia refuerza una temática de inversión, los flujos tienden a dirigirse no sólo a una compañía concreta, sino a todo el grupo de empresas percibidas como beneficiarias de esa tendencia. El resultado es que compañías con perfiles de negocio muy distintos pueden terminar moviéndose de forma muy similar.

Al mismo tiempo, esta dinámica incrementa la dispersión entre sectores. Mientras una determinada temática concentra la atención y los flujos de inversión, otras áreas del mercado pueden quedar temporalmente olvidadas. Los movimientos dejan de estar impulsados exclusivamente por las perspectivas individuales de cada empresa y pasan a estar condicionados por la pertenencia a una narrativa de mercado.

La combinación de todos estos factores tiene como consecuencia una amplificación de los movimientos tanto al alza como a la baja. Los periodos de euforia se vuelven más intensos y las correcciones más violentas.

Los mercados se han vuelto mucho más especulativos


 Fuente: EDM Gestión SAU SGIIC

La otra cara de la moneda: mayores oportunidades

Muchos inversores interpretan esta transformación del mercado como una señal de que el análisis fundamental ha perdido relevancia. En nuestra opinión, la conclusión correcta es justamente la contraria. Cuanto más dominado está el mercado por dinámicas de corto plazo, más valioso se vuelve un proceso de inversión disciplinado y centrado en el valor intrínseco de las compañías.  En el mercado actual, se generan mayores desviaciones significativas entre precio y valor. 

Paradójicamente, cuanto más eficiente parece el mercado procesando información a corto plazo gracias a la inteligencia artificial, más probabilidades existen de que se generen ineficiencias a largo plazo. Si la gran masa de inversores reacciona más rápido a los mismos datos y construyen posiciones similares, el riesgo de que determinadas compañías o sectores queden infravalorados por falta de atención aumenta. Y ahí sigue residiendo una de las principales oportunidades para la gestión fundamental.

Como gestores, nuestra obligación no es combatir estas tendencias ni ignorarlas. Debemos comprenderlas y adaptarnos a ellas, esforzándonos a la vez por mantener el foco en lo que no ha cambiado: el valor de las empresas.

El valor económico de una empresa sigue dependiendo de los mismos factores: generación de caja, rentabilidad sobre el capital, ventajas competitivas, capacidad de reinversión, fortaleza del balance y crecimiento sostenible. Los flujos pueden afectar a las cotizaciones durante meses o incluso años, pero no alteran el valor intrínseco de los negocios.

La adaptación a este cambio del mercado no consiste en abandonar el análisis fundamental, consiste en entender la nueva realidad y mitigar ciertos riesgos. La gestión de carteras actual exige reconocer que los nuevos factores influyen en la volatilidad, en las correlaciones sectoriales y en la construcción del riesgo de las carteras. Por ello, el control de la concentración sectorial y el dimensionamiento adecuado de las posiciones en las carteras son hoy más importantes que nunca. 

La disciplina, la paciencia y la convicción siguen siendo algunas de las ventajas competitivas más valiosas para un inversor fundamental. 

Todas estas ineficiencias han sido objeto de seguimiento y gestión activa por parte de EDM durante los últimos años. Asimismo, la elevada concentración de flujos de inversión ha provocado que determinadas áreas geográficas, especialmente Europa, y en particular compañías líderes en sus respectivos sectores, hayan experimentado una evolución bursátil significativamente menos favorable que la de sus comparables estadounidenses. En este contexto, el fondo EDM International Strategy, gestionado por Beatriz López y José Francisco Ruiz, alberga una gran reserva de valor intrínseco que consideramos debería aflorar progresivamente a medida que estas distorsiones e ineficiencias del mercado se vayan corrigiendo.

“Durante los últimos años hemos navegado un entorno de mercado en el que el auge de la gestión pasiva, junto con la creciente automatización y estandarización de las decisiones de inversión, ha favorecido una elevada concentración de capital y la acumulación de riesgos que, en nuestra opinión, no están siendo plenamente valorados por los inversores. Nuestros gestores en EDM han sabido detectar las oportunidades que está creando esta situación convencidos de que, a medida que los fundamentales vuelvan a ocupar un papel central en la valoración de las compañías, dicho valor terminará aflorando”, nuestro Director de Negocio Institucional para España y Europa, José Maria Úbeda comenta y añade “creemos que la gestión activa volverá a ser predominante y que además saldrá reforzada con la mejora de procesos y de gestión de información que nos facilita la IA”.   

La portada de Barron's de diciembre de 1999 preguntaba: "What's Wrong, Warren?". Apenas unos meses después quedó claro que no había nada malo en Warren Buffett. Lo que estaba distorsionado era el mercado.

Hoy no estamos en 1999 y las causas son diferentes. Pero cuando los flujos pesan más que los fundamentales, cuando la concentración alcanza niveles extremos y cuando la inversión se vuelve cada vez más cortoplacista, merece la pena recordar aquella portada. No porque la historia se repita exactamente, sino porque los inversores sí suelen repetir los mismos errores. En un mercado cada vez más orientado al corto plazo, pensar a largo plazo se ha convertido en un activo escaso. Y los activos escasos suelen ser una buena inversión.


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